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MIR 2026: el año en que el examen de médicos residentes se convirtió en un caos histórico



Imagina prepararte durante meses —o años— para la prueba que definirá tu futuro profesional. Imagina que, a pocos días del examen, tu nombre ni siquiera aparece en la lista de admitidos. Imagina que el día del test encuentras erratas, imágenes minúsculas y referencias bibliográficas que parecen sacadas directamente de manuales de academias privadas en vez de fuentes científicamente validadas. Y, para rematar, un mes después sigues sin saber tu nota definitiva, tu puesto en el ranking ni si podrás optar a la especialidad que sueñas.

Esto no es un guion de comedia negra. Es lo que han vivido más de 35.500 aspirantes al MIR y al resto de pruebas de Formación Sanitaria Especializada (FSE) en la convocatoria 2025-2026. Lo que debía ser el rito de paso más riguroso y previsible del sistema sanitario español se ha transformado en una sucesión de despropósitos que ha puesto en jaque la credibilidad del proceso.

Un calendario que se desmoronó desde el verano

Todo empezó en agosto de 2025, cuando el comité de expertos que elabora las preguntas dimitió en bloque. Desde entonces, cada hito ha llegado tarde: la lista definitiva de admitidos se publicó solo nueve días antes del examen (24 de enero de 2026), algo inédito. Cientos de excluidos recurrieron y, finalmente, pudieron presentarse —incluso con la corrección condicionada al recurso—. Pero la incertidumbre ya estaba servida.

El día del examen no mejoró las cosas. Aspirantes y academias lo calificaron de “vergüenza” y “despropósito”: erratas ortográficas, redacción deficiente, maquetación pobre y polémica por citas a materiales de academias privadas (que Sanidad acabó eliminando de la bibliografía oficial tras las críticas). El resultado: récord de anulaciones desde 2015, con siete preguntas descartadas por errores graves (cuatro de la plantilla principal y tres de reserva). Cada anulación altera la puntuación neta de todos y puede desplazar puestos en el ranking final.

Baremos mal calculados y miles de recursos

El 10 % de la nota total depende del expediente académico (baremo). Pero miles de candidatos vieron asignado un 5 por defecto pese a haber subido documentación correcta. La nueva plataforma informática, presentada como “más garantista”, falló estrepitosamente en la validación automática. El Ministerio ha recibido miles de recursos de alzada (algunas estimaciones hablan de más de 1.000 solo por baremos), lo que ha retrasado aún más la publicación de resultados provisionales.

Hasta finales de febrero de 2026, la relación de aprobados y orden de prelación no aparecía. El BOE establece que debe publicarse “en el mes siguiente” al examen, pero el Ministerio interpretó que tenía todo febrero (o incluso más). Finalmente, el 27 de febrero se publicaron los datos provisionales: 99,19 % de aprobados (30.170 de 30.416 presentados). Un umbral de corte bajísimo (>0 puntos) que, aunque facilita aprobar, no compensa el sufrimiento acumulado ni la desconfianza generada.

Dimisiones, exigencias de auditoría y promesas de cambio

En medio del temporal, la directora general de Ordenación Profesional —Celia Gómez González, responsable directa del proceso— abandonó el cargo a finales de enero “por motivos familiares” para dirigir la Fundación para la Investigación Biosanitaria del Principado de Asturias (Finba). La Asociación MIR España (AME) exigió una auditoría independiente y pública, argumentando “pérdida de confianza”, improvisación, inseguridad jurídica y posible vulneración de principios administrativos. Hasta partidos de la oposición pidieron explicaciones en el Congreso.

El Ministerio promete un plan de choque para 2027: mejor plataforma, plazos más estrictos y menos improvisación. Pero para los miles de afectados de este año, la promesa llega tarde.

¿Qué queda para los candidatos?

Estrés prolongado, planificación imposible y la sensación de que el mérito real se diluye entre errores administrativos. Aunque hay 12.366 plazas (un 3,5 % más que el año anterior) y una tasa de aprobación altísima, el verdadero coste ha sido emocional y de credibilidad. Muchos advierten: si no se corrigen los baremos y se resuelven bien los recursos pendientes (con plazos abiertos para reclamaciones tras los provisionales), podrían llegar impugnaciones judiciales serias.

El MIR 2026 pasará a los anales no por su dificultad, sino por su descontrol. Un recordatorio de que, incluso en el sistema más exigente, la organización importa tanto como el conocimiento. Ahora solo queda esperar que el ranking definitivo sea justo… y que el próximo año no repita la historia.

¿Estás viviendo este proceso? ¿Cómo lo estás llevando? Cuéntanos en los comentarios.
Y mucho ánimo: después de tanto caos, merecéis que el desenlace sea, al menos, digno.

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