El cáncer "secuestra" al cerebro para evadir al sistema inmunitario
Durante mucho tiempo, se pensó que los tumores eran masas de células que crecían de forma aislada, limitándose a luchar contra las defensas locales del cuerpo. Sin embargo, una investigación reciente publicada en la revista Nature ha revelado una estrategia mucho más sofisticada y alarmante: los tumores de pulmón se comunican directamente con el cerebro para solicitar protección. Este descubrimiento define un nuevo eje tumor-cerebro bidireccional que permite al cáncer manipular el sistema nervioso para desactivar el sistema inmunitario.
El tumor "llama" al cerebro
El proceso comienza cuando el adenocarcinoma de pulmón (el tipo más común de cáncer de pulmón) induce su propia inervación. Las células cancerosas secretan factores neurotróficos, como el Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), que actúan como "señales de reclutamiento" para atraer fibras nerviosas hacia el tejido tumoral.
Una vez inervado, el tumor utiliza un subtipo específico de neuronas sensoriales vagales (que expresan los receptores NPY2R y TRPV1) para enviar señales de alerta al tronco encefálico. "Los tumores son realmente inteligentes", afirma Chuyue Yu, investigadora de la Escuela de Medicina de Yale; "emplean tantos recursos del cuerpo como pueden para promover su propio crecimiento".
La respuesta cerebral: Un comando de supresión
Cuando el cerebro recibe estas señales en núcleos específicos como el núcleo del tracto solitario (NTS) y la médula ventrolateral rostral (RVLM), responde activando el sistema nervioso simpático. Esta respuesta eferente viaja de vuelta al pulmón, provocando la liberación de la hormona norepinefrina (también conocida como noradrenaline) directamente en el microentorno del tumor.
El escudo protector contra las defensas
Es en este punto donde el mecanismo se vuelve crítico para la supervivencia del cáncer. La norepinefrina no ataca directamente a las células inmunitarias, sino que actúa sobre los macrófagos alveolares, las células que actúan como la primera línea de defensa en los pulmones.
A través de los receptores adrenérgicos $\beta2$ (ADRB2), la norepinefrina reprograma a estos macrófagos para que adopten un estado inmunosupresor. En este estado, los macrófagos producen una enzima llamada ARG1 que bloquea la actividad de las células T, impidiéndoles atacar y destruir las células cancerosas. De este modo, el tumor logra avanzar sin impedimentos bajo un "escudo" neural.
Nuevas fronteras terapéuticas: ¿Pueden los betabloqueadores ayudar?
La identificación de este circuito abre puertas prometedoras para el tratamiento del cáncer visceral. Los investigadores demostraron en modelos animales que interrumpir este diálogo, ya sea bloqueando los receptores ADRB2, silenciando las neuronas en el cerebro o eliminando los nervios sensoriales, detiene significativamente el crecimiento del tumor y restaura la capacidad del sistema inmunitario para combatir la enfermedad.
Este hallazgo respalda observaciones clínicas donde el uso de antagonistas beta-adrenérgicos (betabloqueadores) se ha asociado con una mejor supervivencia en pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas. En el futuro, la medicina podría no solo dirigirse a las células cancerosas, sino también a las líneas de comunicación que estas establecen con el cerebro, "desconectando" el sistema de protección que el tumor ha secuestrado para su beneficio.
Wei, H.K., Yu, C.D., Hu, B. et al. Tumour–brain crosstalk restrains cancer immunity via a sensory–sympathetic axis. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-025-10028-8






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