Dormir mal
No vino porque roncara.
Vino porque su esposa insistió.
Se sentó frente a mí con los brazos cruzados.
No parecía enfermo.
Solo cansado.
Le pregunté lo de siempre, despacio.
Si roncaba fuerte.
Si dejaba de respirar dormido.
Si se despertaba ahogado.
Si se dormía durante el día.
Respondió que sí a casi todo.
Pero como quien habla de otra persona.
Le expliqué con palabras simples.
Que mientras dormía, su garganta se cerraba.
Que el aire no pasaba.
Que el cuerpo se quedaba sin oxígeno.
Que eso podía pasar muchas veces por noche.
No se alarmó.
Dijo:
“Pero yo duermo”.
Le hablé del estudio de sueño.
Que no dolía.
Que era solo para mirar cómo respiraba mientras descansaba.
Que nos decía cuántas veces su cuerpo se quedaba sin aire.
Asintió.
Educado.
Correcto.
Nunca lo hizo.
Pasaron años.
Volvió distinto.
Más grande.
Más lento.
Con una carpeta llena de estudios.
Hipertensión que ya no respondía a nada.
Cambios en el electro.
Dolor en el pecho con esfuerzos mínimos.
Cardiología lo enviaba para evaluar si durante el sueño hacía pausas respiratorias que dispararan arritmias.
Cuando le pregunté por el estudio que le había indicado años atrás, bajó la mirada.
Dijo que lo había postergado.
Que nunca parecía el momento.
Que no se sentía tan mal.
Le repetí lo mismo.
Más simple aún.
Que cada noche su cuerpo peleaba por aire.
Que su corazón trabajaba sin descanso.
Que no era falta de fuerza.
Era falta de oxígeno.
Esta vez no discutió.
No negó.
No minimizó.
Solo dijo:
“Si hubiera sabido que era esto”.
El estudio confirmó lo que el cuerpo llevaba años gritando.
La apnea no había aparecido de golpe.
Había estado ahí desde el principio.
Silenciosa.
Paciente.
La apnea del sueño no mata rápido.
Desgasta.
Empuja al corazón hasta que se cansa.
Y el mensaje es simple, aunque llegue tarde:
Dormir mal no siempre duele.
Pero siempre cobra.
No vino porque roncara.
— Jaime Alejandro (@PleuralPOCUS) February 10, 2026
Vino porque su esposa insistió.
Se sentó frente a mí con los brazos cruzados.
No parecía enfermo.
Solo cansado.
Le pregunté lo de siempre, despacio.
Si roncaba fuerte.
Si dejaba de respirar dormido.
Si se despertaba ahogado.
Si se dormía durante el día.…






Deja un comentario