Dormir mal
No vino porque roncara. Vino porque su esposa insistió. Se sentó frente a mí con los brazos cruzados. No parecía enfermo. Solo cansado. Le pregunté lo de siempre, despacio. Si roncaba fuerte. Si dejaba de respirar dormido. Si se despertaba ahogado. Si se dormía durante el día. Respondió que sí a casi todo. Pero como quien habla de otra persona. Le expliqué con palabras simples. Que mientras dormía, su garganta se cerraba. Que el aire no pasaba. Que el cuerpo se quedaba sin oxígeno. Que eso podía pasar muchas veces por noche. No se alarmó. Dijo: “Pero yo duermo”. Le hablé del estudio de sueño. Que no dolía. Que era solo para mirar cómo respiraba mientras descansaba. Que nos decía cuántas veces su cuerpo se quedaba sin aire. Asintió. Educado. Correcto. Nunca lo hizo. Pasaron años. Volvió distinto. Más grande. Más lento. Con una carpeta llena de estudios. Hipertensión que ya no respondía a nada. Cambios en el electro. Dolor en el pecho con esfuerzos mínimos. Cardiología lo enviaba para evaluar si durante el sueño hacía pau…