
El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) es, sin duda, una de las joyas de la corona de la ciencia española y un referente mundial. Sin embargo, en las últimas semanas, los titulares que rodean a la institución han saltado de los manuales de biología a las páginas de intrigas corporativas y polémicas editoriales.
En el ojo del huracán se encuentra uno de los científicos más brillantes y mediáticos de España, Mariano Barbacid, quien recientemente se ha visto envuelto en un sonado enfrentamiento con la actual dirección del CNIO y en la dolorosa retractación de uno de sus estudios más prometedores. ¿Qué está pasando realmente tras las puertas de los laboratorios?
En enero de 2026, el equipo de Barbacid anunció un hito que ilusionó a la comunidad médica: la eliminación total del cáncer de páncreas (adenocarcinoma ductal) en ratones. Mediante una innovadora "triple terapia", el grupo logró la regresión de los tumores sin que aparecieran resistencias. El estudio fue publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), editada por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, y la noticia dio la vuelta al mundo.
Sin embargo, a finales de abril de 2026, la revista emitió una retractación total del artículo.
A diferencia de las retractaciones no se ha detectado que los datos fueran falsos, ni se detectó fraude metodológico. La decisión de PNAS respondió a un grave conflicto de intereses no declarado. Barbacid y las coautoras del trabajo, Carmen Guerra y Vasiliki Liaki, omitieron informar a la publicación de que son copropietarios de Vega Oncotargets, una empresa creada en 2024 con el objetivo de explotar comercialmente esta misma terapia.
El problema en el mundo de las publicaciones científicas no es tener intereses financieros (algo común en la biotecnología), sino ocultarlos.
La situación se agravó por la vía de publicación elegida. El artículo ingresó a PNA mediante un carril rápido (contributed submission) reservado para miembros de la Academia, privilegio que ostenta Barbacid. Las estrictas normas de la revista prohíben utilizar esta vía de revisión más laxa cuando existen intereses comerciales directos; en tales casos, se exige someter el trabajo a una rigurosa revisión externa y tradicional.
A través de un comunicado, Barbacid ha negado rotundamente cualquier "mala fe" o voluntad de ocultación, calificando el episodio de un mero defecto de forma y de un "olvido" al rellenar los formularios. Según el oncólogo, el artículo ya ha sido reenviado para someterse al proceso de escrutinio estándar que requiere la revista, asegurando que los resultados científicos siguen siendo completamente válidos.
Juego de Tronos en el CNIO: Barbacid contra Blasco
Pero la retractación editorial es solo la punta del iceberg de una profunda crisis institucional. El clima en la cúpula del CNIO parece sacado de un guion de televisión. Apenas unos días antes del escándalo en PNAS, Barbacid concedió una explosiva entrevista en la que destapó una guerra abierta contra su sucesora en la dirección del centro, María Blasco.
Sin filtros, el investigador afirmó que "la corrupción llegó al CNIO" de la mano de Blasco, a quien acusó de orquestar una campaña interna en su contra y de realizar contrataciones irregulares. Según Barbacid, el motor de esta trama es la "envidia" de su sucesora ante sus éxitos científicos y la enorme atención mediática que había recibido su cura en ratones.
Como telón de fondo de estas acusaciones cruzadas se encuentra una investigación de la Fiscalía Anticorrupción sobre un presunto desvío de 25 millones de euros que salpica a Juan Arroyo, un excolaborador del propio Barbacid. Aunque el descubridor del primer oncogén humano niega categóricamente cualquier implicación en un desvío de fondos y defiende su gestión pasada, la fractura institucional es total y muy pública.
La ciencia de excelencia requiere tanto rigor con las pipetas en el laboratorio como transparencia ética en los despachos. La retractación del artículo de Barbacid sirve como un duro recordatorio de que los protocolos de conflicto de intereses no son simple burocracia, especialmente cuando las esperanzas de miles de pacientes oncológicos cuelgan de los titulares.
Mientras tanto, la "guerra civil" en el CNIO amenaza con ensombrecer el trabajo incansable de los cientos de investigadores del centro que, ajenos a los egos y las polémicas de la dirección, siguen luchando a diario contra el cáncer. Queda por ver si el esperanzador estudio de la triple terapia logrará superar su nueva revisión en PNAS y, más importante aún, si el CNIO logrará recuperar la paz institucional que la ciencia española necesita para seguir avanzando.